El oro queda, el dinero vuela.

Comencemos por una gran verdad: el oro es la única mercancía cuya producción está destinada exclusivamente a su acumulación por la humanidad. Sus usos industriales son escasos, y por ende, la compra de oro se destina casi exclusivamente para ahorro e inversión.

Con una demanda prácticamente ilimitada y con una producción que aumenta año a año tan solo un 1,5% -y en disminución-, los expertos opinan que los precios irremediablemente irán al alza. Para ello, ponen un ejemplo: en 1970, el precio de la onza troy se encontraba en 35 dólares. Hoy en día, 40 años después, en 1850 dólares: un alza del 2.700%.

Más aún. Existe oro por 162.500 toneladas, que están repartidas por todo el mundo. La cantidad de oro que poseen los seres humanos es casi el doble de lo que poseían hace 40 años; sin embargo el metal nunca alcanza a satisfacer toda la demanda. En este contexto, el precio de 950 dólares no parece ser el de equilibrio.

La ley de la oferta y la demanda dice que el precio en equilibrio es cuando se equiparan la oferta y la demanda de un producto. Pues bien: con una demanda prácticamente insaciable y una oferta acotada a la producción anual (el oro ya “colocado” no es práctiamente vendido por los particulares), la explicación del precio actual se encuentra en la intervención de Gobiernos y Bancos Centrales.

A pesar de esta virtual intervención del mercado, el precio avanza sin pausa pero en una forma -muy lenta- que no refleja la realidad. Por esta razón, el precio es de 950 dólares y no de 1.500 o 2.000 dólares la onza.

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